Me
siento
en
el
retrete
y
observo
mis
pies,
mis
rodillas,
mis
manos
apoyadas
sobre
los
muslos,
mi
otro
yo
en
erección
queriendo
asomar
la
cabeza…
Pienso
en
la
necesaria
y
vital
belleza
individualizada.
Me
acepto,
me
gusto,
me
toco…
Fluye
la
paz
con
forma
de
nada.



me pareces siempre tan tan genial… eres único…